Lo oyes en el trabajo, en el grupo de padres, en la cola del súper. En los meses de gas caro, esa idea suena tentadora. Y sin embargo, los técnicos de energía, los ingenieros de instalaciones y hasta los fabricantes coinciden: no es la jugada maestra que parece.
La escena es casi cinematográfica: siete y media de la mañana, las ventanas empañadas, la cocina huele a café y el radiador del pasillo suelta ese crujido tímido que precede al calor. Alguien en casa ha dejado el termostato “a 17” toda la noche, otro jura que es mejor arrancar fuerte a las ocho y cortar al salir. Todos hemos vivido ese momento en el que un gesto minúsculo parece decidir la factura del mes. El salón se calienta, el recibo flota en la cabeza como un titular. ¿Y si no?
Por qué el “mínimo todo el día” seduce… y falla
A simple vista, suena lógico: si nunca dejas que la casa se enfríe, el sistema trabaja menos y gasta menos. La física contesta con otra lógica: la vivienda pierde calor todo el tiempo y esa pérdida aumenta cuanto mayor es la diferencia entre la temperatura interior y la exterior. Mantener una calefacción encendida 24/7, aunque sea “al mínimo”, eleva el promedio térmico dentro de casa durante más horas, y con ello el flujo de calor que se escapa por muros, ventanas y techos. En otras palabras, alimentas la fuga durante más tiempo.
Un ejemplo cotidiano lo deja claro. Una familia en un piso de 75 m² probó dos semanas seguidas con su contador inteligente: semana A, termostato a 19 °C cuando estaban en casa y a 16,5 °C al dormir o salir; semana B, calefacción constante a 17,5 °C todo el día. Misma meteorología, mismo uso. El patrón de “mínimo constante” disparó el tiempo en que la casa estuvo “caliente” respecto al exterior, y el consumo creció, con radiadores tibios muchas horas que nunca llegaban a cortar. La sensación fue cómoda, sí; la curva de gas, más gorda.
La explicación técnica tiene matices interesantes. En calderas de condensación modernas, bajar la temperatura de impulsión y permitir que el retorno llegue más frío ayuda a condensar mejor y mejora la eficiencia, pero eso no pide tener la casa todo el día a 17-18 °C: pide modular bien cuando hace falta calor. Los edificios tienen inercia térmica—paredes que guardan algo de calor—, y programar descensos moderados reduce pérdidas sin condenarte a “arranques a tope” eternos. Hay excepciones: suelos radiantes muy pesados o bombas de calor con control agresivo de modulación pueden requerir estrategias más continuas. Aun así, el mantra general se sostiene: optimizar el promedio, no el “siempre encendido”.
Método práctico para pagar menos sin pasar frío
Lo que funciona, repetido por expertos y validado por hogares, es un “setback” moderado: define una temperatura de confort cuando estás en casa (19–21 °C según persona y actividad) y otra más baja cuando duermes o te vas (16–17,5 °C). Programa horarios con un pequeño anticipo de 30–45 minutos para que el calor llegue cuando llegas tú, y deja que la caldera module en lugar de encenderla y apagarla a mano. Si tu equipo lo permite, activa la compensación climática exterior y ajusta las válvulas termostáticas por estancias. El gas que no quemas es el que realmente ahorra.
Los tropiezos son conocidos y muy humanos. Subir el termostato a 26 “para que caliente antes” no acelera nada: solo hace que se pase de largo y tengas que abrir la ventana luego. Cortar del todo en un día de helada puede dar lugar a humedad y paredes muy frías que roban confort al volver. Tapar radiadores con sofás o cortinas largas mata el rendimiento. Purga los radiadores a inicios de temporada y revisa la presión: funciona. Seamos honestos: nadie hace eso todos los días. Hazlo una vez, deja la casa bien puesta a punto y gana inercia buena.
“Dejar la calefacción al mínimo 24/7 no es un truco: es elevar el promedio térmico de la vivienda y, con él, las pérdidas a la calle”, me resumía una ingeniera de climatización con 15 inviernos de obra. El confort no es un número; es un intervalo. Piensa en acciones pequeñas que bajan pérdidas antes de pensar en ‘calentar más’.
“La vivienda es una máquina de perder calor; tu trabajo es reducir ese escape cuando no lo necesitas.” — Javier G., técnico en eficiencia y monitorización
- Ventila de golpe 5–10 minutos por la mañana, cierra, y deja trabajar la calefacción sin corrientes continuas.
- Cierra puertas de habitaciones que no uses y baja allí el cabezal termostático un punto.
- Coloca burletes en fisuras, baja persianas por la noche y abre las cortinas al sol.
- Si puedes, fija agua de impulsión más baja y tiempos más largos: las calderas de condensación lo agradecen.
Una mirada que contagia ganas de probar
Hay algo liberador en pasar del “truco mágico” al método que encaja con tu casa. No hace falta ser ingeniero para entender que el enemigo es la pérdida continua y que tu aliada es la modulación inteligente: calienta cuando te aporta algo, afloja cuando no. **No es una guerra contra el frío, es un baile con él.** Tal vez descubras que con 19,5 °C y calcetines gruesos lees igual de a gusto, o que programar un encendido suave antes de llegar te deja el recibo más amable.
Comparte tu experiencia: cada edificio es un mundo y los mundos vecinos ayudan a afinar. Si vives en un bajo húmedo quizá te convenga un “setback” menos agresivo; si tienes buen aislamiento, puedes bajar sin miedo y tardarás poco en recuperar. **El mejor termostato es el hábito.** Y ese se construye en una semana, con pruebas sencillas, un cuaderno de notas o una app, y una voluntad mínima de escuchar a tu casa. Es menos épico que “dejarlo siempre al mínimo”. Da mejores historias.
| Punto clave | Detalle | Interés para el lector |
|---|---|---|
| Setback moderado | 19–21 °C en presencia, 16–17,5 °C en ausencia con preencendido | Reduce pérdidas sin sensación de “casa helada” al volver |
| Modulación y zonas | Termostato programable, válvulas termostáticas y compensación climática | Confort más estable y menos picos de consumo |
| Pérdidas nocturnas | Persianas bajadas, cortinas cerradas, burletes en marcos | Ahorro pasivo inmediato con coste mínimo |
FAQ :
- ¿De cuánto bajo el termostato sin pasar frío?Prueba con 1–1,5 °C menos por la noche o al salir; muchas personas no notan la diferencia en confort y sí en el recibo. Ajusta por semana hasta encontrar tu “mínimo amable”.
- ¿Con bomba de calor la regla cambia?Las bombas de calor rinden mejor trabajando continuo y a baja temperatura; aquí el “setback” debe ser más suave. Bajar un poco cuando no estás sigue teniendo sentido si la casa es ligera.
- ¿Y si vivo con bebés o personas mayores?Prioriza estabilidad y confort: el “setback” puede ser muy leve (0,5–1 °C) y reforzado por ropa de casa y pequeñas mejoras de estanqueidad. **La salud y el bienestar mandan.**
- ¿Merece la pena un termostato inteligente?Suele ayudar: programación fácil, geolocalización, curvas de aprendizaje y gráficos de consumo. Si te cuesta la disciplina manual, te pone el piloto automático del ahorro.
- Mis radiadores están calientes abajo y fríos arriba, ¿qué hago?Purga con la llave al inicio de temporada, ajusta la presión de la caldera y revisa que no haya muebles pegados. Si siguen descompensados, equilibra el circuito o pide una revisión.










Muy claro. En mi piso (80 m², Madrid) probé justo esto: confort a 20 °C cuando estamos y “setback” a 16,5 por la noche. El consúmo bajó ~12% frente a dejarla a 17,5 todo el día. Lo que más ayudó fue bajar la impulsión y purgar radiadores (¡qué diferencia!). Solo echo en falta una guía rápida de compensación climática exterior; mi termostáto la tiene pero me pierdo un poco.
¿No depende muchísimo del aislamineto? En casas viejas, bajar 2 °C es un infierno para recuperar luego…