Hijos que se miran de reojo por unas llaves. Un piso familiar que nadie quiere vender, pero todos necesitan. Un testamento que, sin pensarse bien, convierte el duelo en negociación sin fin. En España, la vivienda pesa más que las cifras: arrastra recuerdos, silencios y promesas. Y ahí es donde un abogado como Antonio Martínez suelta una idea sencilla, casi de sentido común, que corta el nudo sin romper la cuerda.
Uno toma la palabra, otro asiente, el tercero mira el móvil para no mirar la mesa. Entra el abogado, deja su chaqueta en el respaldo y habla bajo, como quien coloca las piezas en un tablero conocido. A veces, con una frase, rebaja la tensión y abre una salida. El truco no está en dividir todo, sino en adjudicar con cabeza.
Cuando el reparto evita guerras
Antonio Martínez lo resume sin rodeos: repartir bienes concretos a cada hijo y adjudicar la vivienda solo a uno funciona porque baja la fricción. Cuando todos poseen un trozo de todo, empieza el baile de permisos, llaves duplicadas, obras que nadie aprueba. Cuando cada uno recibe algo nítido, con nombre y apellidos, el duelo no se convierte en junta de vecinos. La casa deja de ser trinchera y vuelve a ser recuerdo.
Imagínate a Laura, Marcos y Eva. Su madre dejó por escrito: el piso para Eva, que vivía a diez minutos y cuidó de ella; a Laura, la cartera de fondos y el coche híbrido; a Marcos, el local pequeño que su abuelo arrendó siempre. Todo valorado, todo apuntado. Hubo lágrimas, claro, y algún suspiro largo, pero no hubo vetos cruzados ni cadenas infinitas de WhatsApp. Se firmó, se compensó en dinero lo que hacía falta, y cada uno volvió a su vida sin ese rumor ácido que desgasta familias enteras.
La lógica es simple. La copropiedad perpetúa el desacuerdo, y la vivienda compartida crea un “proindiviso” que exige unanimidad para vender o hipotecar. En cambio, un testamento que adjudica bienes concretos —apoyado en la legítima y las herramientas que permite la ley— reduce la incertidumbre y las decisiones grupales. La casa, adjudicada a una sola persona, pasa a tener un responsable único y un calendario claro de compensación al resto. No es magia; es diseño patrimonial con los pies en el suelo.
Cómo escribir un testamento que respira
El gesto clave es empezar por un inventario con valores actuales: vivienda, ahorros, vehículos, participaciones, objetos con historia. Luego, asignar piezas que “encajen” con cada heredero y reservar la casa para uno solo, con compensación definida a los demás. En el testamento puede figurar que el adjudicatario pagará la diferencia en un plazo razonable, incluso con posibilidad de hipoteca o venta parcial de otros activos. Con palabras claras, fechas y criterios de tasación, el papel se vuelve mapa, no laberinto.
Hay tropiezos muy humanos: subestimar el valor sentimental de un piano, olvidar la plaza de garaje, dejar en el aire quién paga el IBI el primer año. También pasa que alguien promete “ya nos arreglaremos” y el arreglo nunca llega. Seamos honestos: nadie hace esto todos los días. Por eso ayuda escribir como si la familia futura —con más trabajo, nuevas parejas, hijos y prisas— necesitara instrucciones precisas que sobrevivan a la buena voluntad de hoy.
Un abogado curtido insiste en poner las cosas por escrito con la frialdad justa y la ternura posible. Tú decides el reparto, no un algoritmo ni la improvisación del momento.
“Un buen acierto al hacer testamento es dejar bienes concretos a cada hijo y dejar la vivienda solo a uno”, recuerda el abogado Antonio Martínez.
- Nombrar un albacea que coordine plazos, tasaciones y pagos sin cargar a un hermano con ese papel incómodo.
- Fijar el criterio de valoración (tasación independiente o referencia catastral + ajuste) y la fecha que sirve de base.
- Permitir el pago en metálico al resto de herederos y un calendario de cuotas si no hay liquidez inmediata.
- Prever el usufructo del cónyuge viudo y cómo convive con la adjudicación de la vivienda.
La vivienda: solo a uno, y por qué
La casa pide un capitán. Cuando pertenece a uno, los gastos no bailan: suministros, comunidad, seguro, reparaciones. Se liquida el Impuesto de Sucesiones con una sola decisión y se inscribe en el Registro sin discusiones paralelas. El resto recibe su parte en dinero o con otros bienes equivalentes, que es donde la paz familiar suele asentarse. Una puerta, una llave, una firma. Menos frentes abiertos, menos heridas largas.
¿Es “justo” dejar la vivienda a un solo hijo? La palabra justa aquí se llama equilibrio. Equilibrio entre valor económico, dedicación real en vida —ese cuidado silencioso que no sale en las tasaciones— y la capacidad de convertir ladrillo en dinero. Si el reparto reconoce esa historia y compensa al resto con ahorros, fondos o un plan de pagos transparente, la idea deja de ser polémica para convertirse en una solución adulta. A veces, incluso, es lo que todos querían y no se atrevían a decir.
Hay otro detalle práctico: la casa se usa. Quien la hereda puede vivir en ella, alquilarla o venderla, y cada opción exige decisiones rápidas. Si hay tres copropietarios, las agendas nunca cuadran y los meses pasan con la persiana a media altura. Si hay uno, se mueve. Y al moverse, la herencia deja de ser una caja congelada para convertirse en algo vivo, que sirve a las necesidades de hoy sin arrastrar peleas de mañana. En familias sanas, eso vale más que cualquier plusvalía.
Una última imagen que no se olvida: hermanos que se abrazan en el portal después de firmar, cada uno con un sobre distinto, la casa en una sola mano, el resto en números claros. Nadie ganó “todo”, pero todos ganaron algo importante: tiempo, calma, memoria compartida. La frase de Antonio Martínez queda flotando como una linterna encendida en la noche: si se reparten bienes concretos y la vivienda se adjudica a uno solo, la familia respira mejor. Quizá te suene arriesgado al principio. Luego, cuando miras a largo plazo, encaja como un guante.
| Punto clave | Detalle | Intéres para el lector |
|---|---|---|
| Adjudicar la vivienda a un heredero | Evita proindivisos y acelera decisiones | Menos conflictos, trámites más rápidos |
| Repartir bienes concretos | Asignar activos claros a cada hijo con valoración | Reparto entendible y verificable |
| Compensación en dinero | Calendario y criterio de tasación definidos | Equidad sin bloquear la herencia |
FAQ :
- ¿Puedo dejar la vivienda a un solo hijo sin “perjudicar” a los demás?En España, la legítima protege una porción para todos los descendientes. Puedes adjudicar la casa a uno e igualar con otros bienes o dinero, indicando el criterio de valoración y el modo de pago.
- ¿Qué pasa si el heredero que recibe la casa no tiene liquidez para compensar?El testamento puede permitir plazos, hipoteca sobre el inmueble o venta de otros activos para completar la compensación. También cabe pactar intereses moderados y garantías.
- ¿Y si los hermanos no están de acuerdo con la tasación?Funciona dejar prevista una tasación independiente o un sistema mixto. Si surge desacuerdo, decidir un perito tercero ya nombrado en el testamento evita bloqueos.
- ¿Es mejor vender la casa y repartir el dinero?Vender reparte rápido, pero obliga a decidir al mismo tiempo y al mismo precio. Adjudicarla a uno con compensación mantiene la velocidad sin forzar simultaneidad.
- ¿Qué papel tiene el albacea?Coordina plazos, convoca, levanta actas sencillas y empuja el calendario. No es árbitro sentimental, es un facilitador con autoridad práctica para que nada se estanque.










Bonne idée, mais ça marche encore si la fratrie se déteste déjà et refuse toute compensation ?
La maison “avec capitaine”, j’adore l’image : qui prend le gouvernail quand il y a une fuite de toit ? 🙂